Meet the Grantee | David Blanco
Desde 2021, Menorca Preservation apoya Aprende a través del surfing, un programa que invita a los más jóvenes a vivir el mar de una manera diferente: no solo como un lugar al que ir, sino como un entorno que comprender, respetar y del que sentirse parte.
Hablamos con David Blanco, coordinador del proyecto, sobre el papel del surf en la educación y cómo estas experiencias pueden ayudar a construir una relación más consciente y conectada con el entorno marino.
David, ¿cómo nació este proyecto y qué te impulsó personalmente a ponerlo en marcha?
Aprende a través del surfing es el resultado de un enfoque de trabajo que prioriza la colaboración entre diferentes personas que lideran y representan entidades como Fesurfing, Surf and Clean, Menorca Preservation, Consell Insular, Paddle Tour Menorca, Surf and Sail Menorca, colegios e institutos. Nos gusta pensar en el profesorado y el monitorado de surf como importantes aliados, ya que siempre hemos apostado por formar "Agentes de cambio" pues la labor a la que deseamos ayudar: proteger el mar, es demasiado grande e importante.
Fue una idea original planteada por Nacho García, responsable de formación de la Fesurfing, pero nació sobre todo impulsado por Surf and Clean, que es la asociación que presido. Su espíritu colaborativo viene de mucho antes y está presente en proyectos personales más antiguos como el grupo musical Surf and Sun o la asociación cultural El Cielo Lokal.
Personalmente, llegué a la conclusión de que una sociedad surfista se concede a si misma una mejor oportunidad para poder conectar con el entorno marino de un modo profundo y real. Tenemos numerosos ejemplos históricos de sociedades originarias oceánicas o de mar que así nos lo muestran.
Cuándo trabajáis con el alumnado, ¿qué tipo de relación observáis que desarrollan con el entorno? ¿Dirías que es diferente a la de estudiantes de otras regiones? ¿Qué puntos en común encuentras?
La mayor parte de las sociedades actuales conectan con la playa como un lugar vacacional donde venir a relajarse y a desconectar. Un lugar idílico a visitar, pero sólo en una época del año muy determinada y para hacer un uso de la misma dentro de unos patrones específicos.
Pocas personas la visitan recapacitando sobre su antigüedad, conscientes de que se trata de espacios naturales cuyos arenales pueden tardar 20.000 años en formarse. Espacios que debemos compartir con otros seres vivos, fundamentales para el ecosistema, como la posidonia oceánica, cuya presencia en los arenales sigue siendo un problema para el turismo. Pocas personas comprenden el tesoro que representan sus dunas, sus olas o la parte sumergida de la playa y las oportunidades terapéuticas que sus aguas, su aire y su arena nos ofrecen durante todo el año.
Nuestra labor es compartir con los escolares de Menorca esta visión del mar y de la costa. La principal diferencia es que parten con la ventaja de vivir en un lugar privilegiado y si aprenden a valorarlo también aprenderán a defenderlo.
El principal punto en común es que si preguntas a los estudiantes de otras regiones sobre un lugar idílico junto al mar donde les gustaría vivir, probablemente describan un paisaje parecido al de Menorca.
Desde el comienzo del proyecto en 2021 hasta hoy, ¿qué cambios destacarías en el alumnado y en el profesorado?
Desde que propusimos por primera vez este proyecto al alumnado y profesorado de Menorca hasta el día de hoy, hemos constatado siempre un gran interés. Después de 6 temporadas podemos afirmar que el surf y sus valores interesan a la comunidad educativa menorquina. Durante este tiempo hemos crecido de un modo orgánico, conociendo nuestra capacidad y buscando establecer relaciones duraderas que ofrezcan al alumnado la oportunidad de un aprendizaje escalonado, y a las escuelas de surf la oportunidad de transmitir su conocimiento entre la juventud local. En muchos colegios e institutos Aprende a través del surfing se ha convertido en una propuesta atractiva, recurrente y necesaria.
La visita a la playa, al principio se planteaba más como una actividad de fin de curso, pero poco a poco se aprecia la oportunidad que brinda el realizar estas actividades en playas no urbanas a principios de mayo, cuando el mar aún se mueve, el agua está fresca, y la experiencia es más auténtica. Crear un contexto nos ha permitido reforzar valores que ya se trabajan en los centros educativos, pero que no se interiorizan de igual modo. De esta manera nos aliamos con el profesorado para conseguir, mediante estas vivencias, el objetivo común de enamorar a los escolares del mar y su costa e inspirarles para aprender a conservarlo.
Más de 1.600 niños y niñas han pasado ya por el programa, incorporando en los últimos años a estudiantes con diversidad física y psíquica. ¿Qué significa para ti este avance y qué es lo que más te emociona de este logro?
Siempre hemos defendido que la base del surf es jugar en el mar y a ser posible con sus olas. Lo hacen otros muchos animales y probablemente lo aprendiéramos observándolos. Las olas poseen un importante magnetismo y nos ofrecen una conexión especial con el momento presente y con el medio. Sin embargo, a veces su tamaño y su fuerza o el desconocimiento de como funciona una rompiente nos pueden intimidar.
Dar a conocer a los escolares que hay condiciones de mar que se adaptan a la personalidad y necesidades de cada cual, y que también hay modalidades del surf, con y sin olas, para todas las personas, refleja nuestra voluntad de transmitir un surf universal. Que una mayor diversidad de estudiantes tenga acceso a su práctica realmente lo demuestra y nos enorgullece.
Por último, si pudieras proyectarte al año 2030, ¿cómo te gustaría ver evolucionado el programa? ¿Qué impacto te gustaría que hubiera alcanzado?
El futuro ideal que me gustaría proyectar es una sociedad menorquina capaz de desestacionalizar su relación con el mar y en condición de disfrutarlo durante todo el año. Que el surf pudiera estar presente en el curriculum escolar, como una actividad propia de habitantes costeros e insulares y que nos ofreciera desde temprana edad la oportunidad de redescubrir nuestro entorno y de construir una relación diferente con el mismo, al considerarnos una pieza más de un maravilloso y complejo ecosistema y nunca por encima de él.